Estos términos se han desvirtuado, han perdido su magnificencia original y han quedado convertidas en una especie de «Palabras Comodín»; Lugares comunes, expresiones que la gente utiliza para referirse a una gama de sensaciones enorme y que no siempre es correspondiente con la palabra utilizada.
¿A qué obedece este fenómeno? En mi opinión, se debe, más que nada, a que las personas no saben expresar lo que sienten. Saben que se sienten bien, por ejemplo, pero no podrían determinar si están eufóricos, felices, enamorados, emocionados, ansiosos, joviales, seguros, confiados o inspirados. Este es un fenómeno preocupante, el vocabulario promedio se reduce a pasos agigantados en medida que la gente deja de leer y escribir recurriendo a otro tipo de medios de difusión y comunicación.
Y no es porque la televisión o la radio sean malos. Sino porque los ‘comunicadores’ que tienen un espacio en ellas no son personas preparadas, no conocen el uso correcto del lenguaje y su función como voceros oficiales del Estado es cada vez más obvia y más cínica. Son pocos los medios audiovisuales en los que encontremos ya no ninguna, sino pocas faltas de orden lingüístico.
Es por eso también, que la poesía contemporánea ha perdido popularidad. A excepción de los poetas más simples como Sabines o Benedetti (Que no son malos, valga mi aclaración) los poetas contemporáneos se enfrentan a un desafío bárbaro; una masa de lectores que están acostumbrados a la pobreza verbal expuesta usualmente en los medios de comunicación. Y que ya no ven el lenguaje en sentido artístico sino simplemente como un modo de comunicarse; La satisfacción de una necesidad.
Yo no creo que el lenguaje haya nacido por necesidad. Como apunta Rousseau, el lenguaje no está hecho para satisfacer ninguna necesidad biológica, pues los animales sobreviven sin ningún tipo de lenguaje articulado. El lenguaje humano obedece más bien al deseo del hombre de expresar sus pasiones: Amor, el rito de la muerte, la familia, la religión, etc.
Cierto es también que en los tiempos actuales ya no sólo nos expresamos con palabras; El ser humano se desenvuelve ahora en un sin fin de códigos establecidos a través del tiempo. No podríamos negar que la pintura, la música y los sentimientos son lenguajes por sí mismos.
He ahí la vuelta al punto de partida en este texto. Si los colores y los sonidos y los sentimientos son un lenguaje (Y lo son.) es claro que hay una correspondencia entre ellos. No es una correspondencia explícita porque cada lenguaje posee una clave y debemos ocuparnos de traducir lo que dicen los colores al lenguaje de los sonidos o al de las palabras. La gente debe esforzarse más en esa transmutación, convertir la traducción de emociones a palabras en una cuestión de peso y dedicarle tiempo a encontrar los términos adecuados para expresar lo que sentimos. Sólo de esa manera podremos eliminar gran parte de nuestros conflictos personales que provienen en su mayoría de la falta de comunicación y entendimiento entre iguales.
Ricardo Suasnavar
Ciudad de México, 2011.