Cuando, a principios del siglo XIX, se derrumbó la teoría de la generación espontánea como origen de la vida celular, la comunidad científica se enfrentó a varios años de duda absoluta con respecto de la formación de los primeros organismos vivos. Uno de los primeros científicos en intentar precisar una respuesta al dilema fue el soviético Aleksandr Oparin, que suponía que, dadas las condiciones necesarias, la vida pudo haberse originado en lo que él dio en llamar un “caldo primordial”, donde las proteínas serían formadas y, con el tiempo, iniciaría la existencia de los seres vivos.
Por eso es que creo que (‘bo) no pudo hacer mejor trabajo eligiendo un nombre para su primera pieza: en un cúmulo parecido de sensaciones ardientes y sonidos que buscan pero todavía no encuentran, la música de este ensamble también se genera poco a poco, también se construye asociando partículas pequeñas, colisionando elementos y esperando la reacción. No una reacción planeada a la perfección, sino un experimento donde apenas están trazadas las lineas generales.
El Sueño de Oparin es una interpretación subjetiva del caldo primordial y de su posterior evolución hasta los ritmos populares contemporáneos. Tradición hecha linea auditiva del tiempo. Sin embargo, hay un factor que hace que (‘bo) sea todavía más interesante, y definitivamente novedoso: uno de los instrumentos del Sueño de Oparin es un reciente lenguaje de programación computacional conocido como SuperCollider. A través de su interfaz, el programador puede generar ondas de sonido totalmente personalizables, otorgándole la libertad de crear cualquier sonido que desee. Mezclando esta innovación tecnológica con instrumentos acústicos clásicos, se obtiene una obra llena de matices, que se va construyendo a sí misma en la búsqueda de su propio sentido. Obra abstracta con alcances concretos: El sueño de Oparin es, hasta donde los compositores y el que esto escribe saben, la primera obra donde SuperCollider no es el centro sino un elemento más de un ensamble. La experimentación electrónica integrada con las lecciones aprendidas de la música tradicional. Es común en Europa (aunque prácticamente inédita en México) la práctica del livecoding: un “programador” -o varios, conectados en serie- improvisan código que todos pueden observar. Sin embargo, la composición es algo hasta ahora inexplorado en el ámbito de la programación, y (‘bo) se ha decidido a intentarlo, no sólo colgándose de la novedad sino generando una auténtica búsqueda. Una verdadera obra de arte.
Los miembros de (‘bo) son Libertad Figueroa ( que estudió letras inglesas y comunicación), Yeudiel Infante (compositor, conocido como Sr. Muzquiz) y Elihú Pérez (matemático, también llamado Mr. Proxy). El nombre del ensamble es ingenioso: “‘bo”, en otomí, significa “negro”. Los paréntesis son una metáfora de su experimentación tecnológica. Se conocieron en el taller de SuperCollider que se impartió en el centro multimedia del CNA. Este taller fue también el primero en el mundo financiado con dinero público e impartido con el auspicio de una institución cultural gubernamental. El uso de los nuevos lenguajes de programación es tan nuevo que la mayoría de los músicos aún desconocen su existencia, pero definitivamente abre una ventana infinita a la experimentación y al trabajo creativo. Felicidades a (‘bo): Innovadores en su obra y reinventores de su tradición.
('bo): El Sueño De Oparin from
Yeudiel Infante on
Vimeo.
(Texto publicado en
mi columna semanal de la página "Cultura al Hilo")