(Este poema forma parte de la instalación artística "Omisión", que se presenta en la Universidad La Salle del 29 de octubre al primero de Noviembre)
Mujer, sal de tu sueño.
Despierta, que va amaneciendo el mundo
(Mi mano en su costado)
Señor de los cerros, otórgame luz
Para iluminar este mundo nuevo
Todo aquí es inmenso:
El sol, los dioses, su carne, la sombras
En esta terra nova.
Todo desnudo en el nuevo terreno,
Todo con su piel mágica y primera.
Ha caído la noche:
Somos tan débiles en este mundo.
Estamos tan huérfanos.
Miro las estrellas; no las comprendo
No entiendo su luz ni alcanzo su incendio.
En esta noche ajena
Deambulamos Dioses humanos perros
Devenimos fantasmas.
Sin un nombre hemos de ser olvidados
Hemos de disolvernos en tinieblas
No sé cómo he de nombrar
A las cosas que habitan este mundo
¿Qué soy sin las palabras?
Balbuceos sin concierto ni respuesta
Mutismo entre los hombres. Ausencia.
Hemos llegado al Aztlán
Viviremos sobre el lago y la piedra:
Ciudad pétrea y líquida.
Te miro: en tus ojos veo amanecer.
Se eclipsa la noche cuando sonríes.
Ahora es medio día:
Clareó ya el cielo y su falda de estrellas
Se refugia en tu seno.
Recordemos este tiempo, hermanos
En que nació la grandeza de un pueblo.
II
Fulgor de Tenochtitlan:
Fragor de los pasos en Tlatelolco,
La voz del Rey poeta.
Dioses y humanos mamamos la sangre
De la piedra de los sacrificios.
Tan bien abastecida
De los frutos paridos por la tierra,
Esta ciudad tan grande.
Hemos logrado inventar el futuro
Al conocer la trama de los astros.
El dios de la Mazorca:
Centéotl llena todas las bocas
Y todo lo resiste.
De los dioses es el más primitivo:
Tan viejo como nuestra historia misma.
Un ritmar de guerrero.
Danza trágica y bella de la muerte:
Piel de venado ardiendo.
Desde la guerra entre dos de los Dioses
Hemos levantado un nuevo imperio.
De la infancia a la guerra:
La mayor gloria es morir por los Dioses
Comido por los vivos.
Sanamos las heridas diarias del Sol
Cuando pierde la afrenta con la Noche.
Sin embargo anochece
Aparecen augurios tenebrosos
¿Qué es lo que esperamos?
De la espiga de fuego a los incendios
Se anunciaba la llegada del blanco.
Y qué dolor nos trajo.
El llanto más triste que se ha escuchado:
El llanto de los Dioses.
Ha caído para siempre la noche
Han muerto Dioses y humanos e imperios.
III
Vivimos en la sierra.
Somos los apestados de México.
Somos los que no existen
Hemos sido expulsados de nuestro Edén
Por los que han nacido bajo el pecado.
Vulgar artesanía:
Curiosidades historiográficas
Casi algo de museo.
Somos los desheredados, los perros.
Somos el pasado vivo y mágico.
Materia de exposición
De fotografías pinturas poemas
En la escuela privada.
En una galería que expía las culpas
Caminan esos que se van y olvidan.
Objeto de atención
De mediocres políticas públicas
Somos tan dispensables.
Y cada sexenio nos desentierran
Los súcubos de ignorancia y miseria
Sólo ha quedado el maíz
Sus áridos granos y la sequía
Sólo queda la lucha.
Hasta los rituales contaminados.
Hasta la fe misma puesta en duda.
El mestizo nos niega
O nos toma por bandera y excusa
De su propia ceguera.
Somos los condenados al olvido.
Al lento asesinato del mutismo.
De la nada al olvido:
Triste epopeya de final suicida.
Cierra los ojos, Mujer
Que ya está implosionando nuestro mundo.
(Fundidos en un abrazo, temblamos)