sábado, 28 de septiembre de 2013

8 poemas por Ciudad Juárez*

I
Quién iba a saber que a esa hora tu cuerpo
ya había sido clasificado, “desconocido”,
decía la etiqueta que colgaba de tus pies.
y tu rostro, oh tu dulce rostro calcinado
por las llamas del plomo y el olvido
conservaba un amargo rictus de dolor:
como si la muerte te lastimara un poquito
o una abeja te aguijoneara, infinitamente.
Debimos nacer un día de mala suerte.
Qué tristeza tu cuerpo en la plancha
como un maniquí que será descartado.
Y la calle era como un suspiro a solas
y tus huesos rotos sonaban en las banquetas
y no podía sino imaginar tu sangre
serpenteando entre las veredas de esta perra ciudad
tapizada de anuncios irreales:
“la tasa de homicidios ha disminuido
en un treinta y siete por ciento”,
“hemos recuperado esta ciudad
por tu seguridad y la de tu familia”
pero aquí no hay luz, no hay pero que valga
la muerte sigue agitando el agua en calma.
No todos hablamos el lenguaje de las balas
pero ellas se hacen oír con su terrible tornado
no se dejan ignorar ni se hacen a un lado,
el sonido de una bala no sabe de palabras
y la muerte no sabe de inocencias y profesiones.
Pero no podemos callar, no podemos.
Hablar es nuestra única obligación, gritar:
¡muerte! ¡robo! ¡extorsión! ¡plagio!
de otra forma nuestro oficio no tiene objetivo.
El silencio es un privilegio de las piedras
un derecho que poseen los árboles y las plantas
pero no los poetas, no los escritores.
El poeta que ve muerte y calla, que ve sangre y calla
no merece formar parte de la profesión. No ama al oficio
porque no ama a la vida. No hay diferencia entre los versos
y los días. La poesía y la realidad están hechas de la misma
sustancia.





II


En mi habitación suena un réquiem
después de todo
                          ¿qué otra música podría escuchar?
un réquiem es lo único digno
                                              para la escritura de un poema
de este calibre
                      (con calibre no quiero decir:
                                                                   potencia de fuego
sino potencia verbal
                                capacidad de desgarramiento
 de las palabras proyectiles sin destino fijo.
capacidad de golpe contra las conciencias pétreas)
En realidad hubiera preferido escribir
                                       sobre cualquier otro asunto
dicen que los mejores poetas son de tiempos adversos
                                    pero
                                           ¿quién dijo que quiero ser bueno?
hubiera preferido escribir de amores y bellos atardeceres
No hablar de sangre y miedo, de toques de queda
                                  de los abusos de un soldado
que siente que un arma lo vuelve plenipotente.
de periodistas muertos con la libreta en las manos
                                                   de niños famélicos
que se meten a sicarios.
de madres huérfanas de hijos que guardan en la pupila
todas las tonalidades del azul.
de capos más conocidos
                                 que el temible presidente municipal.
Cómo quisiera no escribir de todo esto.


III
Vamos todos al desfile
donde nadie avanzará un centímetro,
a la fiesta patria
                        sin gritos de júbilo,
vamos a ver al señor presidente
                    hablar por una hora
y no decir una sola cosa.



IV
Furtivo
como un migrante entre los carros
de un tren funesto
                            a oscuras
cargado de explosivos
esquivando patrullas y retenes.
No tengo pólvora: son sonidos.
Hasta que exploto en plaza pública
y las palabras salen volando
                                 amasijo informe
sangre en todas partes
cuando caen revelan su estructura:
                                                       el poema.



V
Calle Tamaulipas
diez y media de la noche.
En las aceras la basura
del día.
Yo camino
                atento a las sombras
oigo voces, doy la vuelta,
me sobresalto cuando un perro
                        [dobla la esquina.
Mis pasos no cesan
a duras penas tocan el suelo
(bajo de un brinco una escalera)
cada rostro es una incógnita
un latente deseo de correr.
Llego a la reja.
                       (A lo lejos,
los dos írises de un automóvil)
escojo la llave
                     espero.
Si me han de levantar
que sea aquí en la banqueta
que ni la más leve molécula
de este aire pútrido de afuera
perturbe la calma de los míos.

VI


Pienso en ciertos poetas
(como es natural, pienso
              sobre todo
en los que nunca vivieron
             cómodamente)
Ni Roque Dalton ni Neruda
ni tampoco Oliva o Revueltas
      temblaron al decir.


¿Pero acaso no sintieron
estos mismos deseos
de volverse mudos,
de quedarse mancos,
de perder la vista?


VII
Tal vez esta atmósfera
tan cargada de plomo
tan hundida en lágrimas
sea la mejor para escribir.


Después de todo
¿qué sería de mí
sin esta angustia
que me dio ojos
en las espaldas?


VIII

Esta impotencia que toma forma de mil hormigas
ascendiendo lentas por mis extremidades.
Esta rabia que parece un perro aullando a solas
en una de las muchas ciudades de la ciudad.
Este dolor como un platanar barrido por las tormentas.
Esta incertidumbre que asemeja un mendigo
que desconoce su futuro a partir de las próximas horas.
Esta tristeza como un escritor abandonado en su escritorio
con la inmensidad de la madrugada para su vigilia célibe.
Este ardor como el ardor de tu indumentaria después
de un aguacero que socavó toda tu árida seguridad.
Esta angustia como un andar a tientas por un barrio
de espejismos insólitos. Esta imposibilidad de expresar lo inefable.

*Poema escrito con ocasión del Tercer encuentro internacional de escritores por Ciudad Juárez.

DSC_3078
Fotografía de Josh Hikes

martes, 24 de septiembre de 2013

Espacio en el espacio

Tenemos aquí a un hombre, apretando el gatillo contra
         sus sienes                                                                
Enrique Lihn


No te conozco aún, sé tu sonrisa,
la transparencia de tu falda ornamentada
el límpido vaho de tu presencia
y poco más. Soy un extranjero
en tu patria de silencios.
Te miro hablar; vocablos con ritmo
endemoniado, confederación del futuro
y el pasado y todos los tiempos
emanados por tu voz, Casiopea.
Breve parpadear de labios.

Eres la promesa del buen clima
y el pan siempre sobre la mesa.
La calma. El estruendo de los años
en un carro sin redilas. El precipicio
al que salto sin paracaídas.
No te conozco aún. No sé tus miedos
ni las cosas que deseabas cuando niña
ni aquella remota tarde en que tu padre
te llevó a conocer el hielo. No sé nada
pero todo lo sé. Conozco el tacto
de tus manos. la curva infinitesimal
de tus falanges apretadas, el temblor
gracioso de tus ropajes al viento,
la piel de tus hombros empapada en lluvia,
tus tobillos grises de tanta ciudad
a tus pies. Tu mirada.
La transparencia de tu falda ornamentada.

Tomo una palabra, tu nombre, Viridiana,
la estrujo, examino sus bordes,
limo las asperezas de las esquinas
cepillo su piel borrando imperfecciones
hasta que emerges, cual recién nacida.
Hay algo de constelación en tu sonrisa
hay algo de planeta en tu andar cauteloso
algo de vía láctea en tu cuerpo sin sal.
pero tu nombre son sólo sílabas
y no verdad. Los hombres son inasibles
si se les quiere coger del nombre.
Somos más que nuestros nombres y tú eres más
que tu mirada. No te conozco aún
pero en mi cama, a la mitad de la noche,
cuando no soy más que un libro y un cigarro
tu nombre aparece entre las páginas
y el humo que aspiro se impregna de ti.

Náufrago cada vez que te encuentro
busco tus pasos en los charcos de la lluvia
que no deja nada en pie sino el recuerdo.
(andas por mi mente como por tu casa,
como un fantasma helado por mi espíritu)
Nada nos separa más que nuestra condición
de humanos. Nada más que un par de universos
donde hemos vivido lejos todos los años,
todo el tiempo separados, siempre aislados
el uno del otro. Mas yo ya te intuía
en la humedad de los bosques olvidados
en el trinar más agudo de la tarde
en el respirar sosegado de las nubes
te intuía:
            andabas siempre agazapada.

Todo el mes ha llovido y los follajes
respiran enmohecidos de sí mismos;
hinchan sus pulmones branquias vegetales
y expulsan aire que se vuelve vida.
A ti también te sienta bien el clima:
pareces cada tarde más reposada
como si de tu piel fluyera húmeda
la sustancia del tiempo y de las cosas
(La sustancia primera, la que dio forma
al hombre y a sus prodigios.
La sustancia quimera, la que incineró
la esperanza del abandonado).

Oh, mujer, qué ansia de respirar tu aire
de conocer tus pupilas por la noche
[y por la tarde.
e inventar figuras y figuras con tu aliento.
Asi toda la penumbra, hasta que amanezca.

Sin título
Fotografía de Mono Fingal

viernes, 13 de septiembre de 2013

Trabajadores de la cultura en solidaridad con los trabajadores de la educación:

POSICIONAMIENTO DE ESCRITORES, INTELECTUALES, ARTISTAS Y DEMÁS TRABAJADORES DE LA CULTURA EN SOLIDARIDAD CON LOS MAESTROS 

1. Como trabajadores de la cultura, tenemos una deuda de gratitud particular con el magisterio. Vivimos de escribir y reconocemos el trabajo de quienes viven de enseñar a leer. Más aun, sabemos que las condiciones en que actualmente se imparte la educación pública son frecuentemente precarias hasta un punto inaceptable. El que los maestros mantengan su compromiso político crítico en esas condiciones es un testimonio de su enorme dignidad. Para remediar la precariedad de las condiciones de enseñanza es necesario un cambio social profundo en el sentido opuesto al que plantea la llamada reforma educativa.

2. En la medida en que tiende al recorte de la inversión estatal en educación y mina las
condiciones de trabajo de los maestros, la reforma educativa y la “Ley de servicio profesional docente” atentan contra la educación pública misma. Por eso nos solidarizamos con la lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y las secciones combativas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en su rechazo a estas reformas y en su demanda central por aumentar la inversión estatal en el rubro educativo como condición indispensable para mejorar la calidad de la educación pública.

3. De ninguna manera consideramos legítimo (ni legal) el uso de la fuerza pública para limitar o suprimir el derecho a la organización y a la manifestación, en general, y la lucha legítima de la CNTE en particular.
Nos oponemos a la criminalización de la protesta social y al clima de linchamiento que han impuesto los medios masivos de comunicación contra los maestros en lucha. Denunciamos su carácter antipopular y racista.
Condenamos la intervención policiaca en la vida de los sindicatos en general y en el SNTE en particular. Exigimos la liberación de todos los presos por razones políticas.

4. Vivimos de nuestro trabajo. Por eso nos oponemos a toda reforma que erosione los derechos laborales de cualquier gremio, pues ello devalúa el trabajo en general. La derrota de un sector es la derrota de todos. Llamamos a todo el movimiento sindical a solidarizarse activamente con los maestros cuyas conquistas laborales están bajo ataque.


FIRMAN: