viernes, 12 de octubre de 2012

Parsimonia

Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux
Paul  Éluard

Cómo quisiera, mujer, que me enseñaras
no a poseerte: a abrazarte
               a ser uno contigo.
El amor no es una suma de individuos:
es su fusión, su conjunción
en un mismo fuego.
                  Los enamorados
se calcinan en el fuego sagrado
en el que todo es cuerpo, todo
es respiración cálida. La unión primera.
Devuélveme al hombre que fui
                            y del que tengo melancolía.

Tú y yo
bailamos un vals de sombras
de pasos apresurados y cortísimos.
                       Paso a paso
Nos perseguimos el uno al otro.
Algo me escondes, algo me niegas
Algún secreto dibujas sin saberlo.
Tus pasos
trazan en el aire el futuro de los míos.
Tus sombras
retozan con el aire futuro de mis dedos;
                      tardes
                             de máscaras.

Tu voz se repite en ecos que reverberan
que caen como gotas de agua
y tiemblan un instante
y se estrellan, se abren en flor
contra un espejo de agua
que sólo el cielo enseña.

Como el mar vas,
como la ola vienes:
            vas y vienes
entre nubes de humo púrpura.
                    Amarnos
como en una coraza contra el mundo
Amarte
porque vales más que todo el mundo.

Tus piernas son del color de la tierra
y de la tierra tienen la fuerza:
entre ellas naufrago, alcanzo
el infinito centro:
Rosa trémula de pétalos abiertos,
luz en la sombra de mi cuerpo lento,
altar de la consagración y del bautismo.

Tus ojos cerrados, tu aliento
-la noche rodeando a la ciudad-
como en un sueño atravesamos
las callejuelas oscuras.
En un camión destartalado avanzamos
por una ciudad de espejismos,
                         ciudad de apariciones,
ciudad de instantáneas indelebles.
ciudad de fantasías que danzan un instante
                           y se desvanecen.

¿Dónde estás mejor que en mis brazos, amor mío?




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