Después de la lluvia
después de que las gotas y gotas rompieran al filo
[de tu espalda,
[de tu espalda,
de que la calle se llenara de renacuajos recién nacidos
y una parvada de aves quedara fulminada en la banqueta,
después de que la tierra se volvió lodo y agua y otra vez
[tierra,
otra vez la mirada puesta en el vacío.
El vértigo del aire en los tobillos y las rodillas desnudas
la cicatriz con forma de bala a la altura de tu pelvis
y por fin, el silencio inconfundible, sosegadamente
dulce, trémulo y firme, certero. El llanto almizclero
de la muerte, sorpresa sonriente que nadie esperaba.
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