miércoles, 18 de julio de 2012
Omecíhuatl
Sobre la montaña de cadáveres
Todos iguales y con el mismo rostro
(Su mismo rostro)
Sobrevive, andrajoso, el poeta.
Ningún triunfador: sólo es testigo.
Sólo tiene los ojos llenos de muerte.
Derrotado, no le queda más consuelo que cantar.
Perdido el trazo estelar que lo guiaba.
Perdido el rumbo que indicaban los astros.
Perdido el Dios que le daba las fuerzas.
Perdido el terreno hecho mujer donde dormía.
Perdido el atanor donde las palabras reposaban.
Perdido el rumor del mar que lo tranquilizaba.
Perdido el rostro y perdida la máscara.
Perdido el paisaje que le brindaba el Ave María.
Perdido el nombre que lo denominaba y lo hacía.
Perdido el crepúsculo que lo acurrucaba.
Perdido el día que le daba energía.
Perdido el calor en los huesos y entrañas.
Perdido el frío en la cabeza que lo enorgullecía.
Perdido el fuego alquímico que le incendiaba.
Perdido el lenguaje que lo hacía poeta.
Perdido el molino de arrepentimiento, tormento...
Perdido el hielo que le conservaba los versos.
Perdido el ahorro de diamantes en la lengua.
Perdido el himno que le había escrito a la patria.
Perdido el pergamino con los conjuros de Flamel.
Perdido el secreto que guardaban las luciérnagas.
Perdido el polvo que le hacía hoyos en las manos.
Perdido el espectro del pirata sanguinario.
Perdido el horno donde se fundían las memorias.
Perdido el estadio de la embriaguez festiva.
Perdido el hogar donde guardaba las obsesiones.
Perdido el banco de peces de Jenny Lind.
Perdido el cuello del cisne torcido.
Perdido el tiempo al que gasta y que lo ha gastado.
Perdido el sauce de cristal, el chopo de agua.
Perdido el alto surtidor que el viento arquea.
Perdido el vaho que exhalaba la esfinge.
Perdido el lago de apariciones fantasmales.
Perdido el consuelo del llanto incluso.
Perdido, perdido.
per
di
do.
Luces, sombras, transparencias.
Ejecuciones del viento a través de los cerros.
Carencia, conciencia, experiencia.
¿Esperanza?
Aquí aterrizamos, Principita.
Aquí nos toca comenzar, aquí
hay que nombrar un nuevo lenguaje.
Palabras que muevan al mundo.
Palabras que construyan mundos.
Mundos que construyan geometrías.
Geometrías que construyan palabras.
Punto y línea sobre el plano.
Presencia número tres.
Presencia.
Hace mucho pensé que existías.
Hace mucho me iluminabas.
No abril; es julio el más cruel de los meses.
Nos convierte en una orquesta naufragante.
Nos escarcha las yemas de los dedos.
Nos quema con su lluvia de tormentos.
Nos coloca justo en el centro del mundo.
Y nos muestra la verdad única y terrible:
Moriremos, y el orbe seguirá su curso.
¿Es que no lo entiendes, Musa?
La ceniza es el único destino.
El polvo lo único ineludible,
Calcinarnos, nuestro único homenaje.
En la pira arderemos, y no hará falta más.
No vueles muy alto, me han dicho mis alas.
(Ícaro me sonríe).
Mas diluirse en sol es tan sagrado y tan eterno.
Escribir no es dirigir un sueño,
Ahí se equivocó el porteño.
Escribir es hacer rituales, incinerar huesos.
Cantar oraciones paganas.
Adorar a la palabra, sacrificarla, sacarle el corazón.
Sorberle sangre y tuétanos.
Escribir es ser orfebre de la palabra,
Alquimista de la significación. Celoso vigilante.
La palabra no vuela ni se hunde: construye.
Si se deja suelta, hace estragos,
si se domestica, no nos toca.
¿Quién domina a quién?
Las mil aristas de Dios, sus fertilidades.
Sus quinientos treinta y nueve nombres.
Sus muertes y sus reencarnaciones.
Dios, ¿Sigues aquí de algún modo?
¿Aún sirve hablarte en segunda persona?
Oh, Dios de la lluvia, del tiempo, del fuego.
Tú debiste haber bajado ya, debiste
haber iluminado con tu aliento este mundo.
Tal vez nos creaste y luego te echaste a dormir.
Y nosotros, diminutos, te buscamos.
Te cantamos, te construimos templos y sacrificamos
en tu nombre, Dios. ¿Pero lo has visto siquiera?
¿Nos recuerdas, siquiera?
En trescientos sesenta y cinco ciclos infinitos
jugamos al tiempo, a los años, a que podemos
reconstruir los ídolos pasados.
El futuro es una ilusión humana.
El pasado es melancolía por los muertos.
Sólo es el presente y su crueldad.
Sólo el presente y la vorágine de su boca abierta
que nos consume, nos absorbe y nos desecha.
Morirás, Poeta.
Y algún día, estos versos serán olvidados, y sólo ella
los murmurará entre dientes, al despertar.
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Sigue así!!!! Felicidades,muy buen texto
ResponderEliminarExcelente!
ResponderEliminarSaludos
Un poema muy gráfico. Las imágenes logradas son impresionantes. Una frase que me impactó: "escribir es hacer rituales, incinerar huesos"... pues resume, más que oficio literario, los motivos de quienes escribimos. A mi juicio, muy buen trabajo, felicidades.
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