La lluvia quisiera reintegrarse al suelo.
No es que quiera anegarnos:
nosotros, más bien, la detuvimos,
como un oficial de tránsito
sin soborno posible.
¿Cómo podría filtrar, la pobre,
su ahogada insistencia
a través del asfalto?
Le hemos cerrado cualquier posibilidad
[de paso.
En realidad, la lluvia tampoco elige
su destino.
(en eso se parece a nosotros)
son las nubes las que la eyaculan.
Cae sin certeza alguna, dividida
en millones de soldados
que mueren de fuego amigo solamente.
Cuando impactan, sin embargo,
no son más que la pinche lluvia.
Esa mendiga, que a últimas fechas
no tiene lugar en el mundo.| Fotografía de Jlhopgood |
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