domingo, 14 de abril de 2013
Monólogo
Pasión en las palabras, fuego.
Más vale encenderlas.
Antes el espanto, la hoja
manchada de alcohol, la sangre
del bolígrafo en las manos,
la exclamación, el grito
doloroso del lenguaje.
Mejor que no quede nada,
ruinas, escombros, piezas, nada.
Hacerlas pedazos, palabras,
cristales, iglesias, cultos,
olvidar las piedras de sol,
la espada, el santo oficio,
las tres culturas, a Dios.
Mejor olvidarlo todo,
borrarlo, tus labios, borrarlos.
Mejor caminar entre los muertos,
todo por una sílaba.
Todo por la voz apropiada;
la de todas las cosas,
la de antes de la historia,
la de antes, Poeta,
de nuestros propios versos
[despoblados.
una voz de ojos abiertos
y sentidos alerta.
"Me has hablado en esa voz".
-le dijo Zeus a sus amantes-
"me has hablado en otro idioma,
con palabras que son cuerpos,
sonido, peso, sabor,
luz, carne expuesta, piel
que toca la piel mía."
Esa voz se escucha en la Ciudad.
Ah, la ciudad.
puentes y calles subterráneas.
Color.
risas lejanas, sonido de pasos,
luces, resonancia en los muros,
sangre en el suelo, fantasmas,
cosas. Tantas y tantas cosas.
Y las memorias,
la chispa del alcohol en los recuerdos.
Los perros, la vida disuelta en horas
sin paso ni sabor ni sustancia.
Meras memorias, sobras,
cabos sueltos, tiempo enmohecido,
bruto, seco tiempo derruido, ¡no más!
que no haya más en este mundo.
que no haya más que tú.
Tú que sabes a rituales del pasado,
piedra ensangrentada, luz de antorchas,
maravilla del nuevo mundo, centauro
fuente bautismal de tu propio cielo,
sin Dios, sin edenes prometidos.
Sólo la gracia de verte bailar,
sólo el milagro que me oculta tu falda,
eternidad vuelta carne humana,
senos fragantes, piernas dúctiles,
súcubo, mujer, hetaira, quimera.
promesa, lúcido encuentro, mujer.
Ojalá desaparecieras.
Mundo, ojalá desaparecieras.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario