viernes, 7 de junio de 2013

El poeta reniega de sus palabras

¿De qué sirven, putas? si no han de levitar hasta otro espíritu, si han de morir en las esquinas, si he de exhalarlas en un soliloquio informe a las tres de la mañana  ¿de qué sirven si no existe nada? Bastardas, me han encerrado. Me han atado de pies y manos, me han embutido diccionarios, términos, ideas, mitos cristianos. Me han aislado. Y mi prisión son las cosas que amo. Estoy solo, es enorme la hora, las cosas crecen en su propio ser, se expanden hasta implotar, arden. La madrugada es una ponzoña que sube por la boca del estómago, me patea en la garganta, escurre: rancia sustancia, viscosidad violácea y abstracta. Imploro: ¡No más de este inédito teatro de sombras esquivas! ¡No más quimeras! Mas no hay nada que hacer; ustedes no sirven. Hatajo de hienas frígidas. Bola de hipócritas tumultuosas. No hay nada más qué hacer por ustedes. Están muertas. Tendré que salir a buscar una bolsa larga y negra, destazarlas, encobijarlas, tirarlas a la orilla del camino, limpiarme las manos, retirarme corriendo/ recorriendo las calles donde nacieron. Convocar a gritos un nuevo séquito de las de su tipo, descolgarlas de los cables de los barrios más infectos, rescatarlas del agua podrida de los parques,  robarlas de los ricos que poseen demasiadas,  mendigarlas de los tacaños, hurtarlas de los distraídos.  A ver si junto las necesarias para derrocharlas. A ver si no se me vuelven a pudrir en el gaznate oprimido de los malos recuerdos y la poca disposición.  Mueran. Y que vengan otras nuevas.

3 comentarios:

  1. Poema fuerte, me transmitió la angustia de sentir la putrefacción de una de las partes invisibles del cuerpo.

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  2. Si tengo dos palabras en la mano, tengo todo el resto de las palabras existentes fuera de ella. Y sin embargo he de tomar una de las que se encuentran en el aire, porque eso hablamos, las palabras que agarramos de arriba, donde flotan. Igual que un músico toma el ritmo del aire, y se cuelga del beat que en la vida flota para arrancar su pieza.

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  3. "Hatajo de hienas frígidas. Bola de hipócritas tumultuosas."

    Eso, por si solo, suena bien padre.

    Me gusta, reconozco -como escritora muy ocasional- esa tensión y lucha con las palabras tratando de encontrar las indicadas... Pareciera que nunca son suficientes o adecuadas.

    Saludos.

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